Puede que lleves tiempo con la sensación de que has ido encajando, adaptándote, haciendo lo que se esperaba de ti… y que, en algún momento del camino, te hayas ido perdiendo a ti misma.
Te preguntas “¿cómo puedo ser yo misma?” pero casi no sabes ya qué significa eso, ni por dónde empezar a buscarte.
Este texto no trae una versión perfecta de ti al final, pero sí un espacio para entender qué te ha pasado, qué partes de ti se han ido escondiendo y cómo empezar a recuperar tu propia voz, paso a paso.
Cuando “ser tú misma” se ha vuelto una pregunta difícil
Hay momentos en los que la pregunta “¿quién soy yo?” no es filosófica, es urgente.
Te das cuenta de que:
- Respondes lo que crees que la otra persona quiere oír.
- Aceptas planes, comentarios o formas de trato que, por dentro, no te encajan.
- En distintos contextos sientes que eres “versiones” muy diferentes de ti, y una parte se pregunta cuál es la real.
No es que no tengas personalidad. Es que la has ido moldeando para sobrevivir, para pertenecer, para no perder vínculos importantes.
Si durante años ha sido más seguro adaptarte que mostrarte, es lógico que ahora no tengas un acceso rápido a “tu esencia”. Y lo primero es reconocer que eso tiene sentido.
Las máscaras que aprendiste a ponerte
A todas nos enseñan, de maneras muy sutiles, qué partes de nosotras son bien recibidas y cuáles no. Con el tiempo, sin darnos cuenta, vamos construyendo máscaras:
- La que siempre está bien, aunque por dentro esté agotada.
- La que se ríe de lo que le duele, para que no se note tanto.
- La que cuida a todo el mundo, para no enfrentarse a su propio vacío.
- La que rinde, produce y cumple, para que nadie pueda reprocharle nada.
Las máscaras no son falsedad; muchas veces son estrategias de protección. El problema aparece cuando nos confundimos con ellas y creemos que eso es lo único que somos.
Ser tú misma no es arrancarte todas las máscaras de golpe, sino empezar a distinguir: “esto lo hago porque es mi forma genuina de estar en el mundo” y “esto lo hago porque aprendí que así me querían más, me criticaban menos o me sentía más segura”.
Recuperar tu mapa interno: ¿qué te pasa por dentro?
Para poder ser tú misma, antes necesitas empezar a escucharte. Y eso implica volver a tu mundo interno: sensaciones, emociones, necesidades, deseos.
Algunas preguntas que pueden ayudarte a dibujar ese mapa:
- ¿Qué cosas me dan energía de verdad, más allá de lo que “debería” gustarme?
- ¿Qué situaciones me dejan siempre con una sensación rara en el cuerpo?
- ¿Con quién siento que puedo respirar más hondo, relajar los hombros y ser un poco más espontánea?
Puedes dedicar unos minutos al final del día a escribir tres cosas:
- En qué momento me he sentido más yo hoy.
- En qué momento me he sentido lejos de mí.
- Qué necesitaba esa parte de mí que no he podido mostrar.
No se trata de sacar grandes conclusiones al principio, sino de ir afinando esa capacidad de escucharte, como quien ajusta la antena para captar mejor la señal.
Tu cuerpo sabe antes que tu cabeza cuándo no estás siendo tú
Muchas veces notamos antes en el cuerpo que algo no encaja que en los pensamientos.
Puede aparecer como:
- Un nudo en el estómago cuando aceptas algo que en realidad no querías.
- Opresión en el pecho cuando callas por no incomodar.
- Cansancio pesado después de relaciones o situaciones en las que “has estado a la altura”, pero te has sentido vacía.
Empezar a ser tú misma también es aprender a honrar esas señales.
Puedes practicar algo tan simple como:
- Parar unos segundos cuando notes una sensación intensa.
- Preguntarte: “si este nudo pudiera hablar, ¿qué me diría?”
- Ver si hay una microdecisión que puedas tomar para cuidarte un poco más en esa situación.
Tu cuerpo no es el obstáculo; muchas veces es la parte de ti que primero se da cuenta de que te estás alejando de quien eres.
Las relaciones donde no puedes ser tú (y las que te ayudan a encontrarte)
No todo depende de ti. Hay entornos donde ser auténtica es mucho más difícil porque:
- Te cortan o se ríen cuando expresas algo distinto.
- Te hacen sentir culpable cuando dices que no.
- Te recuerdan una y otra vez quién “deberías” ser.
Y hay otras relaciones donde, sin darte cuenta, respiras mejor, te ríes de otra forma, te atreves a decir cosas que en otros sitios callas.
Ser tú misma también pasa por reconocer:
- Con quién puedo empezar a mostrarme un poco más vulnerable, curiosa, imperfecta.
- Qué espacios necesito limitar porque siempre salgo sintiendo que me he traicionado.
No se trata de cortar con todo el mundo, pero sí de empezar a elegir donde pones tu energía. Un entorno que te exige actuar todo el rato es un lugar muy difícil para encontrarte.
Ser tú misma en decisiones pequeñas del día a día
A veces pensamos en “ser yo misma” como un gran giro vital: cambiar de trabajo, de ciudad, de pareja.
A menudo empieza en cosas mucho más sencillas, casi invisibles:
- Elegir ropa con la que realmente estés cómoda, no solo la que crees que “te toca” llevar.
- Decir que no a un plan para quedarte tranquila en casa si tu cuerpo te lo pide.
- Compartir una opinión en una conversación, aunque no sea la mayoría.
- Reconocer en voz alta que algo te ha dolido, en lugar de hacerte la fuerte.
Cada una de esas decisiones es un pequeño mensaje para ti: “tu forma de estar en el mundo importa, no es algo que tenga que ajustarse siempre a los demás”.
Con el tiempo, esos pequeños gestos crean una sensación interna de coherencia: lo que sientes, piensas y haces se parecen un poco más.
El miedo a perder a otros cuando empiezas a ser tú
Es posible que una de las razones por las que no te muestras tal y como eres sea el miedo a perder gente por el camino.
Ese miedo es muy comprensible. A veces, cuando empiezas a poner límites o a dejar de sostener personajes que no te representan, algunas personas se incomodan o se alejan.
Puede ayudar recordarte:
- Las relaciones que solo se sostienen si tú te traicionas no son lugares seguros para construir tu vida.
- Habrá personas que, cuando te vean más auténtica, puedan encontrarse de verdad contigo.
- No tienes que hacer todos los cambios a la vez. Puedes ir probando, despacio, con las personas que percibes como más disponibles para verte.
Ser tú misma no significa dejar de cuidar a los demás, sino incluirte también en ese cuidado. Eso, inevitablemente, reorganiza vínculos.
Reescribir la historia que te cuentas sobre quién eres
Todas llevamos dentro frases que se nos han quedado pegadas: “eres complicada”, “eres demasiado sensible”, “eres tímida”, “eres la responsable”, “eres la fuerte”.
Con los años, esas frases se convierten en una especie de guion. Y aunque ya no encajen, sigues actuando como si fueran la única opción.
Puedes empezar a preguntarte:
- ¿Qué frases sobre mí misma he repetido tanto que ya ni las cuestiono?
- ¿Quién me las dijo por primera vez, en qué contexto?
- ¿Siguen siendo ciertas hoy o se han quedado pequeñas?
Reescribir tu historia no es negar lo que has vivido, es ampliar la imagen. Tal vez eres sensible y valiente. Tal vez eres responsable y tienes derecho a descansar. Tal vez no eres “la fuerte” todo el tiempo, y está bien así.
Cuando tiene sentido pedir acompañamiento para encontrarte
Hay procesos que se pueden hacer en solitario, con libros, diarios y conversaciones con amistades. Y hay otros en los que tener un espacio seguro y sostenido marca mucha diferencia.
Puede ser un buen momento para buscar acompañamiento si:
- Sientes que te has ido adaptando tanto que ya no sabes qué quieres tú.
- Te cuesta tomar decisiones sin preguntar constantemente a los demás.
- Notas que te traicionas a menudo para evitar conflicto o rechazo.
- Quieres descubrir quién eres más allá de los papeles que has tenido que cumplir.
En un proceso de coaching podemos:
- Explorar tu historia sin juicios, entendiendo por qué hiciste lo que hiciste para sobrevivir.
- Ir identificando qué partes de ti quieren salir más a la luz.
- Diseñar pequeños experimentos en tu día a día para empezar a vivir de forma más alineada contigo.
No se trata de inventarte una nueva versión de ti, sino de ir quitando lo que sobra para que puedas reconocerte.
Otros recursos que pueden ayudarte en este camino