Quizá te has repetido muchas veces que “tienes que mejorar tu autoestima”, pero cada vez que intentas hacerlo, vuelves a encontrarte con la misma sensación de no llegar, de no ser suficiente, de compararte con las demás.
Mejorar la autoestima no va de mirarte al espejo y decirte frases que no te crees, ni de convencerte de que todo en ti es perfecto. Va de revisar la relación que tienes contigo, entender de dónde viene esa voz crítica y empezar a tratarte con un poco más de verdad y de cuidado.

 

Qué es realmente la autoestima (y qué no)

A veces confundimos autoestima con quererse mucho todo el tiempo o estar siempre segura de cada decisión. Y eso no es realista.
La autoestima tiene más que ver con:

  • La manera en la que te hablas cuando te equivocas.
  • La forma en la que valoras tus necesidades frente a las de los demás.
  • El lugar que te das en tus relaciones: si te sientes de segunda o si también te eliges a ti.
  • La capacidad de reconocer tanto tus límites como tus recursos.

No es un estado fijo; sube y baja. Tampoco es una etiqueta (“tengo buena/mala autoestima”) que no se pueda mover.
Mejorarla no significa llegar a un punto en el que todo te da igual, sino construir una base más firme desde la que vivir, aun cuando las cosas no salgan como esperabas.

De dónde viene una autoestima baja

Nadie nace sintiéndose poco valiosa. Esa sensación se va aprendiendo. A veces:

  • En entornos donde se ha señalado más el error que el esfuerzo.
  • En familias donde había que “portarse bien” para no molestar o no dar trabajo.
  • En relaciones donde te han hecho sentir que eras demasiado o demasiado poco.
  • A base de compararte con imágenes ideales en redes o con expectativas imposibles.

No se trata de buscar culpables, pero sí de comprender que esa voz que te critica no ha salido de la nada. Es un eco de muchos mensajes que, durante años, tuviste que creerte para sobrevivir o encajar.
Entender esto abre la puerta a dejar de tomarla como verdad absoluta y empezar a relacionarte con ella de otra forma.

Cómo se manifiesta una baja autoestima en tu día a día

Puede que no vayas por la vida pensando “tengo baja autoestima”, pero sí notes cosas como:

  • Te cuesta recibir elogios; los rechazas o los minimizas enseguida.
  • Te sientes culpable cuando dices que no o pides algo para ti.
  • Te colocas rápido en el rol de cuidar, salvar o sostener a otros, aunque tú estés agotada.
  • Te comparas con amigas, compañeras o gente de redes y casi siempre sales perdiendo.
  • Te cuesta defender tu punto de vista si notas conflicto.
  • Te quedas en relaciones, trabajos o dinámicas donde sabes que no te tratan como mereces.

Todo esto no habla de que valgas poco. Habla de que has aprendido a colocarte en un lugar muy pequeño, y tu sistema se ha acostumbrado a ese espacio.

Cambiar la mirada: dejar de verte solo desde el defecto

Una parte importante de mejorar tu autoestima es cambiar el foco.
Tu mente, entrenada para la autoexigencia, tiende a ver:

  • Lo que falta.
  • Lo que salió mal.
  • Lo que otra hace “mejor” que tú.

Muy pocas veces se detiene en:

  • Lo que ya has atravesado y sigues aquí.
  • Las cosas pequeñas que haces cada día y que sostienen tu vida y la de otros.
  • Las cualidades que tienes y das por hechas: tu sensibilidad, tu capacidad de escuchar, tu responsabilidad, tu creatividad.

No se trata de negar lo que te cuesta, sino de ampliar la foto. Eres más que tus errores, más que tus días torpes, más que lo que te salió mal.
La autoestima empieza a cambiar cuando dejas de definirse solo por tus partes más frágiles.

Tu diálogo interno: la voz con la que convives todo el día

La forma en la que te hablas tiene un impacto enorme en cómo te sientes contigo.
Imagina escuchar todo el día frases como:

  • “No haces nada bien”.
  • “Te van a dejar en cuanto te conozcan de verdad”.
  • “Siempre llegas tarde a todo, vas por detrás de las demás”.

Es muy difícil sentirse valiosa conviviendo con ese discurso.
Un primer movimiento puede ser empezar a notar:

  • Qué frases se repiten más.
  • En qué momentos aparecen (¿cuando estás cansada?, ¿cuando te expones?, ¿cuando algo no sale como querías?).
  • Si esa forma de hablar te recuerda a alguien de tu historia.

No podrás cambiar esa voz de un día para otro, pero sí empezar a no tomarla como la única versión de la realidad.

Prácticas concretas para empezar a mejorar tu autoestima

No necesitas grandes rituales; pequeños gestos sostenidos pueden marcar un antes y un después.

1. Diario de auto-reconocimiento

Al final del día, escribe:

  • Una cosa que hayas hecho por ti (aunque sea pequeña).
  • Una dificultad que hayas sostenido lo mejor que has sabido.
  • Una cualidad tuya que haya estado presente ese día (paciencia, humor, perseverancia…).

Al principio te costará encontrarlas; precisamente por eso es importante insistir.

2. Hablarte como le hablarías a alguien a quien quieres

Cada vez que aparezca una frase muy dura hacia ti, puedes practicar esto:

  • Escribir la frase tal cual te ha venido (por ejemplo: “soy un desastre”).
  • Debajo, escribir cómo se la dirías a una amiga en la misma situación.

No es autoengaño: es aprender a incluir también la compasión en tu forma de mirarte.

3. Tomar decisiones pequeñas a favor tuyo

La autoestima también se construye con las decisiones que tomas cada día.
Puedes proponerte:

  • En una situación en la que normalmente cedes, probar a expresar tu preferencia.
  • Dedicar al menos un rato a la semana a algo que te gusta, no solo a lo que es “útil”.
  • Decir que no a algo que sabes que te va a dejar agotada o vacía.

Cada vez que haces algo que te tiene en cuenta, tu sistema registra: “quizá sí importo”.

La trampa de la comparación constante

Compararte con los demás es humano, pero cuando la comparación es continua y siempre sales perdiendo, tu autoestima queda en manos de algo imposible de ganar.
Puedes preguntarte:

  • ¿Con quién me comparo más a menudo?
  • ¿Qué cosas no estoy viendo de esa persona (sus dificultades, sus miedos, lo que no muestra)?
  • ¿Qué parte de mí siente que solo tiene valor si “gana” en esa comparación?

Un pequeño cambio puede ser empezar a compararte menos con otras personas y más contigo misma:

  • ¿Dónde estaba yo hace un año en este tema y dónde estoy hoy?
  • ¿Qué cosas hoy me resultan un poco más fáciles que antes?

Esto te ayuda a salir del juego de “quién es mejor” y entrar en el de “cómo voy creciendo yo, a mi ritmo”.

Relaciones que alimentan o erosionan tu autoestima

Por muy trabajado que tengas tu mundo interno, es difícil sostener una buena autoestima si pasas mucho tiempo en entornos que te dañan.
Quizá te resuene:

  • Personas que siempre tienen un comentario irónico o crítico hacia ti.
  • Relaciones donde tus logros se minimizan, pero tus errores se agrandan.
  • Vínculos en los que tienes que ganarte el cariño a base de esfuerzo constante.

No siempre puedes cambiar tu entorno de un día para otro, pero sí empezar a:

  • Detectar qué vínculos te nutren y cuáles te drenan.
  • Pedir un trato más respetuoso cuando algo te duele.
  • Invertir más tiempo en personas con las que te sientes vista, no evaluada.

La autoestima no es solo un trabajo interior; también tiene que ver con los lugares y las relaciones en las que te colocas.

Cuándo puede ayudarte un proceso de coaching para mejorar tu autoestima

Buscar apoyo no significa que estés “rota” ni que no valgas, significa que reconoces que sola te cuesta encontrar caminos nuevos.
Puede ser buen momento para un proceso de coaching si:

  • Sientes que tu diálogo interno es tan duro que te paraliza.
  • Te cuesta mucho tomar decisiones que te favorezcan.
  • Te quedas por debajo de lo que deseas en trabajos, relaciones o proyectos por no sentirte capaz.
  • Sabes en teoría que “tienes que quererte más”, pero no sabes cómo llevarlo a la práctica.

En sesiones podemos:

  • Explorar de dónde viene esa mirada tan exigente hacia ti.
  • Identificar tus recursos, tus valores y tus apoyos reales.
  • Practicar formas diferentes de relacionarte contigo en situaciones concretas de tu vida.

No se trata de salir amándote sin fisuras, sino de ir construyendo una relación contigo que sea un poco más amable y honesta.

Otros recursos que pueden ayudarte

Mejorar tu autoestima no es convertirte en alguien que se adora frente al espejo cada mañana, sino aprender a mirarte con menos dureza y más respeto.
Es un proceso, a veces lento, en el que te vas dando cuenta de que no tienes que ganarte tu lugar todo el rato: ya lo tienes, simplemente por ser quien eres.